Polígonos industriales en transformación

Mar 5 • Arquitectura, Colaboraciones, Empresas, Rehabilitación, Urbanismo • 2148 Views • No hay comentarios en Polígonos industriales en transformación

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Pablo Vázquez Pita > Arquitecto

Hace un par de semanas hablábamos de la rehabilitación urbanística del barrio de La Mina como una posible propuesta de transformación y enriquecimiento de los sectores residenciales heredados del siglo pasado. Creo que el artículo que aquí comienza complementa a aquel anterior desde otro punto de vista, el de los tejidos industriales que forman parte de la ciudad consolidada. Se trata de desarrollos que en su momento fueron periféricos, incluso relativamente ajenos a la ciudad original, y que con el paso de los años y la evolución del proceso urbanizador, han adquirido posiciones centrales, o casi, dentro del nuevo esquema de la ciudad, siempre cambiante.

Es un buen momento para replantearse el papel que deben jugar en el conjunto esas viejas actuaciones. ¿Seguir con su actividad industrial o comercial a pesar de que ahora están rodeados de tejido residencial? ¿Aprovechar esas nuevas circunstancias para orientar su actividad hacia el abastecimiento de bienes y servicios para los barrios de vivienda? ¿Es una ventaja o una desventaja para las empresas estar ahora dentro de la trama urbana, y no en la periferia? ¿Es un lujo para la ciudad utilizar esos terrenos centrales para algo que no sea vivienda cuando las nuevas urbanizaciones se construyen a kilómetros con la consiguiente dependencia de todo tipo de transportes?planta

Vamos a ilustrar el tema con un ejemplo concreto, que creo que encaja dentro de los parámetros de esta reflexión. Se trata del Polígono de A Grela, en la ciudad de Coruña, y a él corresponden las imágenes. En el caso de este ayuntamiento gallego se está produciendo el debate sobre el futuro de las áreas empresariales centrales, de manera más o menos consciente, partiendo de distintos agentes sociales. Así, en los estudios iniciales que se están llevando a cabo para el nuevo Plan General de la ciudad, elaborados por el equipo del arquitecto Joan Busquets, se hace alusión a la necesidad de revisar el papel del Polígono de A Grela. Pero con frecuencia es la realidad construida la que va por delante, y a finales del pasado 2008 se inauguró, dentro de la zona industrial, el que ha pasado a ser el centro comercial más grande de Galicia, con 62.000 m² de superficie de negocio. Se trata de un edificio proyectado por el estudio Chapman Taylor en el que el diseño arquitectónico no ha sido olvidado. Pero la inauguración del mismo quedó marcada por el impresionante colapso circulatorio que se produjo en el sector, con los consiguientes reproches a políticos y demás, por no haber previsto la circunstancia. ¿Es idónea la colocación del centro comercial Dolce Vita en pleno Polígono de A Grela? En caso afirmativo, ¿podía haberse hecho mejor? Son cuestiones que quizá ya tengan respuesta ahora mismo, aunque pueda sea más prudente, en esta ocasión más que en otras, esperar a que el tiempo determine su acierto o equivocación. En todo caso, una actuación de esta envergadura podría haber estado incluida en un plan de reforma general para la zona, de manera que todas las actuaciones pasadas y futuras tuviesen una mínima coherencia entre sí. En principio produce extrañeza, por muchos casos similares que existan, el hecho de colocar un centro comercial dirigido a familias en medio de naves industriales: se trata de funciones que no parece que tengan mucho que ver. Aunque quizá este sea el primer paso de un proceso de sustitución tipológica que acabe teniendo coherencia en el tiempo.

Por otra parte, los accesos al centro comercial, tanto rodados como peatonales, parecen insuficientes. Hay muy pocas entradas al enorme edificio para vehículos particulares, lo que puede producir las retenciones circulatorias comentadas. El transporte público es escaso, a pesar de la instalación de una parada de autobuses delante de la fachada principal. Por cierto, algo a tener en cuenta es que esa nueva parada se coloca precisamente ahora. Pareciera como si antes de la instalación del centro comercial nadie circulase en el polígono ni tuviera la necesidad de llegar a su lugar de trabajo. Relacionado con lo anterior hay que mencionar que los recorridos peatonales procedentes de la parte residencial de la ciudad son absolutamente deficientes. Además, dadas las enormes dimensiones del complejo, se echa en falta en el exterior del edificio un espacio público de transición con una dimensiones adecuadas, que además contribuiría a dignificar el monótono entorno. En todos las características mencionadas se va destilando una ignorancia hacia el entorno, de una falta de voluntad de crear ciudad. Quizá sea acertada la decisión de instalar la gran superficie en esa localización, no lo se aún, pero la ejecución concreta hace que esa posible oportunidad se desinfle por momentos. Como comentario paralelo, mencionar la propuesta de que se pudiesen gestionar las enormes plantas de aparcamiento del centro comercial para así aliviar la falta de espacio para esa función en el polígono, cediéndolo parcialmente durante las horas de menos afluencia de visitantes, ya que en buena medida coinciden precisamente con las horas de más trasiego en las empresas preexistentes en la zona, y por lo tanto de más necesidad de aparcamiento.

fachada

Después del centro comercial Dolce Vita se acerca otro gran gesto de transformación urbanística para el polígono de A Grela: “Marineda Plaza. Ciudad de compras y de ocio”. El nombre lo dice todo. El conjunto se apoyará en la siempre atrayente marca Ikea y en la comentadísima nueva infraestructura de la ciudad, la Tercera Ronda, una vía de alta capacidad que se espera resuelva finalmente la entrada en la ciudad desde la autovía de Madrid, después de tantos años. En el caso del nuevo complejo comercial serán 191.000 m² de superficie comercial, 3 veces más que el comentado en primer lugar.

El polígono ya no volverá a ser el mismo después de estas dos enormes actuaciones comerciales y de ocio, junto con la llegada de la Tercera Ronda. Es de suponer que acaben siendo polos de atracción y transformación de todo el sector, sobre eso no quedan muchas dudas. La cuestión importante es si la dirección que finalmente tome esa transformación será la más ventajosa para la ciudad o una gran oportunidad perdida. En mi opinión no pasaría nada si, cambiando el uso tradicional, parte de la superficie del polígono fuese ocupada por edificios residenciales que pudiesen aprovechar los servicios urbanos ya presentes en la zona, en lugar de ocupar nuevo suelo en las afueras, que implica costosas actuaciones en infraestructuras, como está ocurriendo en la discutible urbanización de Nuevo Mesoiro.

Pero aunque el futuro del Polígono de A Grela pase necesariamente por una revisión, eso no significa que tenga que perder su personalidad y que se tengan que marchar todas las empresas allí instaladas. Podría conseguirse a partir del envejecido barrio industrial, una zona renovada, compleja, con vivienda, equipamientos, zonas verdes, superficies comerciales y, claro que sí, actividades empresariales, además del nuevo acceso rodado. Como dirían en el Cantar de Mío Cid, ¡Qué buen barrio si hubiese buen gestor!

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