Las dos torres, y otras películas.

Ago 18 • Arquitectura • 1765 Views • 1 comentario en Las dos torres, y otras películas.

P. Vázquez.

Según cuentan los peregrinos que han hecho la Ruta Jacobea, el momento en el que uno avista por primera vez las torres de la Catedral de Santiago de Compostela, después del largo recorrido caminado, es especialmente emotivo.
No creo que se pueda decir lo mismo de la sensación que a santiagueses o viajeros les produce el ver de pasada las dos ¿chimeneas? situadas en las obras del monte Gaiás mientras uno circunvala Santiago a 100 km/h. Indiferencia o como mucho preguntarse que son esos “chirimbolos” de ahí arriba.
En realidad se trata de dos torres incluidas en la polémica Ciudad de la Cultura de Galicia, concebidas por el arquitecto ya fallecido John Hejduk, aunque el conjunto del macroproyecto en el que se insertan ha sido diseñado por el estudio de Peter Eisenmann.

Parece ser que Hejduk, católico, tenía especial interés por construir estas torres en Santiago, ciudad querida para él, y las pensó como un guiño a los ya mencionados campanarios barrocos de la Catedral.

Cuando uno descubre esto parece que se va produciendo una metamorfosis sobre la opinión que tenía sobre aquellos “chirimbolos”. Poco a poco se van calcando mentalmente las siluetas de las torres originales sobre los volúmenes abstractos de vidrio y piedra de las construcciones nuevas: “¡Ahhh…..!”  (descubrimiento). Y por un momento parece que se empieza a simpatizar con las torres esas de Hejduk.
Este caso puede servir como ejemplo para una reflexión sobre el papel que juega la ¿literatura? en la arquitectura contemporánea, y en general en el arte actual.

Me explico: buena parte de la arquitectura “de autor” de hoy en día parte de una serie de complicadas reflexiones y conceptos que, supuestamente, son las que generan la idea del proyecto. Luego el edificio se construye, sale de la mente introvertida del arquitecto para convertirse en un objeto real, insertado en su entorno urbanístico y expuesto a usuarios y ciudadanos en general. Y la percepción que estos tienen del nuevo edificio, en gran cantidad de ocasiones, no se corresponde para nada con las intenciones expresivas del arquitecto proyectista. Esta situación podría ser considerada incluso como atractiva: las nuevas lecturas que el ciudadano aporta al edificio, más allá de su creador. El problema viene cuando dicha lectura popular acaba siendo negativa o no-lectura, y la versión “oficial” del arquitecto no ha sabido ser transmitida, quizás por fallida. Creo, insisto, en que es algo característico del arte de nuestro tiempo, el hecho de apoyarse en literatura, en explicaciones exteriores a la propia obra como excusa para su legitimación. Parece como si la arquitectura, en este caso, no pudiese ser autosuficiente. Érase un edificio a un texto pegado. Y a veces ni siquiera se da a conocer ese “texto”, con lo que la brecha comunicativa entre creador y ciudadanos es enorme. Por seguir con el mismo ejemplo, la Catedral de Santiago no necesita de ningún relato para mostrarse como una arquitectura potente, tiene valor en sí misma. Y no es porque no haya historias alrededor de la Catedral y su construcción a lo largo de los siglos, muchísimas, pero cuando uno las conoce éstas simplemente enriquecen las cualidades que el edificio ya tenía en sí mismo.

Evidentemente, cualquier creador artístico puede parir lo que le venga en gana, sólo faltaba. La duda surge cuando las cosas se hacen con el dinero de todos, destinadas al servicio de los ciudadanos en general y gestionadas por poderes públicos.
Por lo demás, al ritmo que van las obras y los debates de la Ciudad de la Cultura de Santiago, tiempo hay de sobra para especular sobre las posibles lecturas de las torres y del resto del complejo arquitectónico. Pero eso será otro día.

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One Response to Las dos torres, y otras películas.

  1. Lamento contradecirte. A mí me gustan las dos torres de la Ciudad de la Cultura. La historia marca etapas en arquitectura. La Catedral de Santiago, hermosísima, corresponde a una etapa. Ahora las cosas son diferentes. No menos bellas. Sólo diferentes.

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