Donde aún no puede haber urbanismo

Oct 20 • Arquitectura, Colaboraciones, Urbanismo • 997 Views • No hay comentarios en Donde aún no puede haber urbanismo

Quizás algunos de ustedes sepan que el pasado 6 de octubre se ha “celebrado” el día mundial del hábitat.

Lo que realmente se acaba recordando, al igual que en otras fechas de este tipo (“Día de…”) es más la ausencia, de hábitat en este caso, que su presencia real.
El informe “Análisis de la situación actual de la Habitabilidad Precaria en el mundo y alcance de los Objetivos de Desarrollo del Milenio”, realizado por Eva Álvarez de Andrés para la Fundación CEAR, da un buen puñado de datos reveladores sobre la realidad mundial de los lugares dónde la gente vive. Se define la Habitabilidad Precaria como “aquella que no posibilita la reproducción saludable de los pobladores ni el despegue de sus capacidades, sino que, por el contrario, es la causa de su estancamiento”, y se constata a partir de cinco parámetros fundamentales:

– Acceso a fuentes mejoradas de agua potable (a menos de una hora a pie).
– Acceso a sistemas de saneamiento mejorados (existencia de un sistema de eliminación de excrementos)
– Área suficiente para vivir (habitación cerrada de al menos 4m2 por cada tres personas).
– Durabilidad de la vivienda (ubicación no peligrosa, con estructura permanente y capaz de proteger de los fenómenos meteorológicos).
– Tenencia segura (no estar dependiendo de posibles desalojos por la fuerza).

De estas premisas resulta que actualmente unos 980 millones de personas (el 31,6% de la población urbana mundial) viven con un déficit de habitabilidad. Pero aquellos en situación precaria pueden llegar hasta los 4.400 millones si se incluye el mundo rural, mucho menos influyente en las decisiones políticas.

Total, que más del 60% de la población mundial viven en un estado de Habitabilidad Precaria, según la definición dada anteriormente.
Entonces uno se replantea el papel que desempeña el urbanismo en este mundo real, si es que puede desempeñar alguno. Claro que quizás antes habría que saber qué es el urbanismo en sí y cuales son las condiciones de base para que pueda empezar a entrar en el “juego”. La mayor parte de los habitantes del mundo tienen que ir a por agua de dudosa calidad a lugares muy lejos de “casa”, no tienen un sitio concreto donde hacer sus necesidades y viven hacinados en una construcción que se puede venir abajo en cualquier momento, por las inclemencias de la naturaleza o por los desalojos de los humanos. Entonces, ¿qué tipo de urbanismo hay que aplicar en estas condiciones?

Desde luego ninguno que conozcan nuestros técnicos habituales. Y me atrevería a decir que ninguno en absoluto. Puede que existan unas condiciones mínimas a partir de las que se pueda empezar a trabajar como urbanista. Y al 60% de las personas que habitan el mundo lo que les hacen falta es algo previo, absolutamente previo: la creación de un hábitat básico. El urbanismo que se necesita es muy distinto al que conocemos: no parece de gran utilidad para las cuestiones que estamos tratando el hablar de ordenanzas reguladoras que permiten o no cubiertas a dos aguas, fachadas de tal o cual material o una altura más o menos.

Estamos hablando de cosas mucho más serias, por mucho que lo sean las ordenanzas de nuestros planes generales. Veremos si los técnicos tienen herramientas y capacidad de reciclarse para pasar a formar parte de los equipos multidisciplinares, junto a políticos, médicos o educadores, que puedan intentar abordar la progresiva desaparición de la precariedad de los lugares dónde vive la mayor parte de los vecinos del mundo. Todo un reto profesional.

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