Urbanismo para un presente en crisis permanente*

Mar 6 •

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En un momento histórico marcado por las crisis –económica, social, energética, política, ecológica–  en las que vivimos inmersos, surge la necesidad de hacer frente a los problemas desde una perspectiva optimista y constructiva, tomándolos como una oportunidad para subvertir los antiguos paradigmas que nos han llevado a esta situación. ¿Cómo nos preparamos para afrontar los retos urbanos de este presente en crisis permanente? 

A nuevos tiempos, nuevas estrategias, pensamos desde Paisaje Transversal. Nuestra labor es plantear nuevas estrategias profesionales estrechamente ligadas y permeables a todas las lógicas sociales y tecnológicas que están definiendo este siglo XXI. Este nuevo escenario en el que nos toca vivir requiere no solo de nuevas herramientas, sino de un profundo cambio en las estructuras de pensamiento. No podemos afrontar los grandes desafíos actuales con esquemas mentales y metodologías de trabajo del siglo XX.

Nuestra capacidad de adaptación y anticipación serán determinantes a la hora de definir el devenir de nuestras ciudades. Para ello, es necesario pensar que la ciudad es siempre un proceso abierto, en estado de «beta permanente», como lo denominarían los programadores de software libre. Tenemos que entender que las soluciones que apliquemos en la ciudad solo pueden ser óptimas si surgen a raíz de la cooperación entre los individuos que la habitan. Debemos construir entornos urbanos más equitativos, solidarios, sostenibles y participativos. Asimismo, tenemos que generar nuevos canales y estrategias que permitan liberar la inteligencia colectiva y generar una retroalimentación constante entre ciudadanía, administración, técnicos, empresas de servicios, etc., es decir, establecer espacios de diálogo y de negociación imparcial entre los distintos agentes que intervienen en el territorio. 


Otro aspecto clave en las futuras intervenciones en las ciudades es el papel destacado que debería desempeñar la ciudadanía. Generalmente, los procesos participativos impulsados por las administraciones han fracasado en su intento por promover la implicación ciudadana. Esta situación ha estado determinada principalmente por la falta de los canales adecuados. Para poder llevar a cabo todo este proceso equitativo que denominamos como «negociación urbana» entre los distintos agentes que intervienen en el territorio, y configurar espacios de debate y convergencia, consideramos necesario el establecimiento de un intermediario «neutro». A esta figura la denominamos «facilitador» o «mediador»: un equipo imparcial que haga de interlocutor y garantice la comunicación entre los actores. La figura del facilitador aparece como la de un agente externo que promueve los procesos, resolviendo los problemas que se enquistan de manera propositiva; ha de tener la capacidad de detectar e interpretar las protestas ciudadanas.

¿Cómo vivimos y pensamos la ciudad? Consideramos que  ha llegado el momento de desarrollar nuevas formas y vías de intervenir en el territorio. Es importante desarrollar estrategias de emprendimiento urbano.  Analizamos una serie de cuatro conceptos que nos parecen indispensables a la hora de pensar en la ciudad y el urbanismo: transdisciplinariedad (los proyectos urbanos deben ser integrales, por ello introducimos una perspectiva coordinada de las principales materias que afectan a la ciudad: sociología, geografía, paisajismo, derecho, urbanismo, ecología, economía, etc); implicación ciudadana; herramientas digitales (que nos permiten desarrollar los proyectos de forma más eficiente, reduciendo costes y tiempos) y ecología de medios (operamos desde la perspectiva ecológica en todas sus dimensiones así pues, los procesos que impulsamos se apoyan en intervenciones reversibles, testeos y pruebas que permiten valorar mejora las inversiones a realizar de cara a optimizar costes). 

Otra forma de hacer urbanismo no solo es necesaria, sino que también es posible. Debemos reivindicar ante los poderes públicos un rotundo viraje en sus políticas urbanas, ya que todavía existe un porcentaje nada desdeñable de representantes políticos de la Administración Pública que siguen encerrados en los mismos esquemas que desarrollistas que propiciaron la burbuja inmobiliaria. Si realmente queremos consolidar un nuevo urbanismo tendremos que desplazar algunas de las prácticas que rigen las instituciones y los espacios de decisión. No somos ajenos al recurrente debate entre institución y movimiento, pero consideramos que constituir una nueva profesión y dignificar el nuevo urbanismo es una buena manera de consolidar el necesario cambio de paradigma urbano. Y eso pasa en gran medida por viabilizar, dignificar y hacer sostenibles nuestras prácticas como forma de vida, lo que en última instancia conduce a su institucionalización. Necesitamos metodologías, herramientas y teorías empíricas con las que dar forma a ese nuevo urbanismo. Es por ello que tenemos que empezar a construir unas bases sólidas —a través de una retroalimentación constante entre teoría, crítica y práctica— sobre las que erigir este necesario y reclamado cambio de paradigma urbanístico y arquitectónico.


* Extracto de la conferencia organizada por los alumnos de la Universidad Rey Juan Carlos en el marco de la exposición Arquitangentes  (@ArqURJC) en 2016.



Imágenes: 

01- Fotografía del Joc de Barri, con el proyecto OlotMésB. Proyecto de Paisaje Transversal.
02- Árbol de Protocolos de Activación de Espacios en Egia, Donostia. Proyecto de Paisaje Transversal.
03- Usos del Mientras Tanto. Plan HUCA, Oviedo. Proyecto de Paisaje Transversal.

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