Un Paseo por la Cultura del Nilo. Parte 2: EL Egiptólogo de Christian Jacq

Ago 3 •

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"...Con el calor del mediodía, bajo un sol resplandeciente, navegábamos hacia Asuán. El paisaje cambiaba, se suavizaba. Palmeras, sicómoros, acacias, tamariscos, bosquecillos verdes alegraban las orillas. Aquí y allá, las manchas blancas formadas por unas pequeñas mezquitas coronadas con una cúpula o un minarete. Las aldeas eran más ricas, más risueñas. Los alrededores de Asuán marcaron la entrada en un nuevo mundo. El granito sucedió a la arenisca. La población que vemos agitarse es una mezcla de fellahs, turcos, bicharis, nubios, abisinios, sudaneses. Los tenderetes de los mercados están cubiertos de colmillos de elefante, dátiles, pieles de felinos, especias, productos exóticos. Al fondo del paisaje, el Nilo parece cortado por una cortina de árboles, rocas desnudas, colinas áridas que hacen creer que Egipto acaba ahí y que las fuentes del río están muy cerca..."

"...La primera sala está sostenida por ocho pilares a los cuales están adosados otros tantos colosos de treinta pies cada uno, representando a Ramsés el Grande; en las paredes, una hilera de grandes bajorrelieves históricos relativos a las conquistas del faraón en África; una escena representa su carro triunfal, acompañado de grupos de prisioneros nubios y negros de tamaño natural, lo cual ofrece una composición muy hermosa y de gran efecto. Las demás salas, y hay dieciséis, tienen abundantes bajorrelieves religiosos, que ofrecen particularidades muy curiosas...Todo es colosal aquí, sin exceptuar los trabajos que hemos emprendido, cuyo resultado se merecerá la atención pública. Los que conocen el lugar saben lo difícil que resulta dibujar un solo jeroglífico en el gran templo. Pero ¿quién podría hablar de trabajo ante tales esplendores? Ya no sentía cansancio ni dolor. Subido a una escalera, copiaba los textos, tomaba huellas, cotejaba varias veces con el original. Los textos serían puestos luego en unos dibujos debidamente preparados para evitar cualquier error..."

"...La impresión producida era fascinante. Aridez, rocas cortadas a cuchillo, montañas en plena descomposición ofreciendo casi todas unas anchas grietas ocasionadas por el calor extremo o por desprendimientos internos, y cuyas cimas redondeadas están sembradas de bandas negras, como si estuvieran quemadas parcialmente. Ningún animal viviente frecuenta este valle de muerte. No hablo de las moscas, los zorros, los lobos y las hienas, porque fue nuestra estancia en la casa de Ramsés y el olor de nuestra cocina lo que atrajo a estas cuatro especies hambrientas. Al entrar en la parte más lejana del valle, por una estrecha abertura hecha por la mano del hombre, y ofreciendo todavía algunos ligeros restos de esculturas egipcias, pronto se ven al pie de las montañas, o en las pendientes, unas puertas cuadradas, la mayoría obstruidas, y a las que hay que acercarse para descifrar la decoración. Estas puertas, que se parecen todas, dan acceso a las tumbas. Cada una tiene la suya, pues antaño ninguna comunicaba con otra. Estaban aisladas; son los buscadores de tesoros, antiguos o modernos, los que han establecido unas comunicaciones forzadas..."

Fragmentos del libro de Christian Jacq, El Egiptólogo, 1987
Fotografías de Agustín Iuri. Editado por el arq. Martín Lisnovsky

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