Marina de Aguamarga, Fabriquilla, etc…

Feb 8 •

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JAVIER SALVADOR* : Parece que por una vez las cosas se paran antes de que se cometan barbaridades como ocurrió con El Algarrobico, que todo el mundo se dio cuenta que era supuestamente ilegal cuando casi estaba terminado. Ahora, otros proyectos como el de La Fabriquilla o quizás el más sangrante, como Marina de Aguamarga, nunca verán la luz.

Muchos amigos míos que se dedican a esto del ladrillo, muchos de ellos ex amigos porque no les gusta que se hable de Las Salinas de Roquetas de Mar o el acantilado de Aguadulce, dirán que nos encanta cebarnos con esos casos que según ellos nos van a llevar a la ruina, pero la historia no va de que el mundo entero esté contra los promotores, sino contra los neopromotores, esos que aparecieron de debajo de las piedras, amigos del director de una sucursal bancaria de aquí y que actuaban de la mano de conocidos de Madrid y Barcelona con importantes empresas y consolidados contactos.

Pues toma mantequilla para empresas y contactos, y ya no sólo por la barrera infranqueable que ha puesto la Junta en torno al Parque Natural de Cabo de Gata Níjar, sino por la propia sentencia del Tribunal Superior de Justicia que deja en muy mal lugar al de Andalucía (TSJA) al hablar de "motivo no exento de oscuridad" en su argumentación a favor del renombrado proyecto de Marina de Aguamarga. Precisamente esta pequeña urbanización de 350 casitas de lujo y un hotel de 300 habitaciones sobre una parcelilla de 48 hectáreas, es una de las que se queda en papel mojado por mucho Federico Echevarría Sáiz o Roberto Poch de Robert, uno arquitecto muy conocido en Madrid y el segundo de la alta sociedad catalana.

Los de aquí, de Almería, por mucha boina y legañas que se nos vea desde el avión conforme se llega desde Madrid o Barcelona, han conseguido parar a esos que vienen con carros invisibles cargados de billetes con un mensaje tan claro como que del Parque no se mueve ni una piedra.

Pero la historia, lo que enfrenta a todo el mundo al hablar del urbanismo, es el sinsentido al que se ha llegado. Hablamos de una superpoblación proyectada para el levante almeriense, de miles de viviendas ilegales en el Valle del Almanzora y si quieren hasta de una Cámara de Comercio que a falta de tareas como plantar una férrea defensa de las infraestructuras que aún no han llegado a la provincia, se pone a predicar sobre la industria del golf como si fuese la Sábana Santa que puede cubrir todo desmadre urbanístico. Y así es como se le pierde el respeto a todo, a las instituciones, a los sectores y así es como pagan justos por pecadores.

Y ya escucho los gritos de quienes dirán que esto de hoy es una barbaridad, pero si los cabales le hubiesen puesto freno desde el principio a todo lo que se hizo en los años de la barra libre, Almería no sería la chica mala de los informativos en el Reino Unido, país que si durante un tiempo fue la gallina de los huevos de oro en eso que llamamos turismo residencial, ahora se ha convertido en nuestra mejor oficina de promoción negativa. Y en este caso la culpa no la tienen el sector hostelero, la falta de campos de golf o nuestras pésimas comunicaciones con el exterior, sino quienes permitieron y se beneficiaron de ese falso boom del ladrillo.

Nos guste o no, tenemos que hablar de corrupción, ventas fraudulentas y cantidades ingentes de dinero defraudado porque está claro que las viviendas ilegales no se declararon y de ahí para arriba todo lo que uno quiera pensar o mal pensar, no es sólo más que el comienzo de un efecto boomeran que tenía que llegar.
A ver quién es el guapo que convoca una rueda de prensa para decir que la protección del Parque es una barbaridad o que el POTA limita el crecimiento de la provincia. Y lo peor de todo es que a muchos no les falta razón cuando se quejan de ello, pero el silencio de la mayoría en beneficio de ese despilfarro de descaro demostrado por algunos es lo que precisamente se pagará en estos momentos.

Los máquinas de la economía almeriense saldrán estos días diciendo que la situación irá a peor si seguimos por este camino, pero para quién iba a ir mejor por la senda anterior.
La desproporción, en todos los sentidos, ha sido el mal de Almería en los últimos años. Se habla de que no uno sino varios pueblos o semiciudades de esta provincia pueden perder sus competencias urbanísticas, mientras desde aquí preferimos mirar para otro lado creyendo que un cambio de Gobierno lo solucionaría todo. Pues no sería así, porque un nuevo Gobierno no se expondría a nuevos escándalos por beneficiar a unos pocos.

Ahora sí hay que decirlo. La presión de los grupos ecologistas nos han dado una lección. Sin pasta, sin recursos, sin más herramientas que un mensaje claro y entendible construido como palabras tan básicas como barbarie y corrupción, copan la red de redes, Internet, asociadas al nombre de la provincia de Almería, y escrito a escrito se han tumbado a promotoras, macropromotoras y promotorcillos.

Esto es política y en ese oficio se le tiene más miedo a la comunicación que cariño al dinero fácil. Por lo menos los inteligentes y los que han demostrado arte en esto de la oposición constante con esas personas como Javier, un ecologista convencido que de vez en cuando nos manda sus descubrimientos y con el que tengo un café pendiente hace ya no se sabe cuanto tiempo. Ellos han ganado y el resto ha perdido. Ahora a empezar de cero, pero esta vez con cordura y consenso.







* Teleprensa - Almería - Opinión - 7 de Febrero de 2008




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