La especulación no puede ser una profesión

Abr 16 •

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LUISA GARCÍA GIL* : Ruedan estos días las opiniones sobre la crisis del sector inmobiliario, especialmente por boca de los no profesionales de la cons­trucción. Se quejan de la normativa para hacerla responsable de su irresponsabilidad, de su imprevisión y de su falta de conocimientos. Otros, al calor de las ascuas del caos de la amenaza del paro por la crisis del sector, intentan sacar tajada del tema, intentando crear un clima de culpabilidad en la Administración, que, a su vez, intenta parchear la falta de previsión de lo que se le venía encima.

Estos últimos años, la bonanza económica propició el nacimiento de numerosas empresas promotoras no profesionales atraídas por las mieles del dinero fácil y rápido. Estas empresas, nacidas en muchos casos de la asociación temporal de inversores con ganas de probar fortuna, inundaron el sector con el único fin de hacer dinero y rápido, y el más tonto se puso a promover la huerta de la abuela.

Han sido sociedades sin conocimientos del mundo de la promoción, a las que poco importaba el producto que ponían en el mercado o lo que arrasaban a su paso con tal de vender y recuperar con creces su inversión. Llegaron como plagas a los últimos rincones de la costa o del interior, solo hacía falta detectar el más mínimo interés de movimiento del mercado para que se movilizaran y extendieran su vuelo en la zona.

Una inmobiliaria profesional y solvente es la que analiza el producto que le ofrecen a la venta, analiza su legalidad, su solvencia como inversión y la calidad de aquello en lo que intermedia; es decir, que sirve para abrir los ojos del comprador, que no tiene por qué entender de construcción ni normativa, pero sí el primero, que debe conocer al dedillo los pros y contras del terreno, casa o piso que vende, porque para eso cobra su porcentaje.

Los ayuntamientos, en numerosos casos, aspiraron los aires delirantes del cuerno de la abundancia de las licencias y tragaron con ruedas de molino; por su parte, la banca, más generosa que nunca, se cegó prestando a quien no tenía ni posibles para comprar el solar ni luces para promover. Todos se dejaron querer mientras que el territorio se quejaba del abuso.

Las empresas promotoras surgidas y crecidas al calor del oportunismo del momento, nada tienen que ver con las empresas profesionales del sector, que las hay y muy buenas. Las empresas promotoras profesionales no queman el territorio tras su paso, como hacían los bárbaros en las invasiones de territorio, lo miman y ordenan para poder tener una estabilidad en la zona, van construyendo según la demanda real.

Los otros, los oportunistas, dieron en muchos casos con compradores también oportunistas que adelantaban cantidades para revender rápidamente sin escriturar y, así, ganar en unos meses lo que con su sueldo no verían en toda la vida. Éstos, auténticos especuladores, son los que ahora dejan colgadas a las promotoras porque no pueden ni quieren escriturar, porque no son solventes. Éstos son también en gran parte los responsables de llamada burbuja inmobiliaria, porque ellos, con su especulación, han inflado los precios al crear una demanda inexistente.




* LUISA GARCÍA GIL ARQUITECTA



* El Correo Gallego - Opinión - 14.04.2008

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