La casita de papel de Antonio Banderas

Ene 25 •

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ROSA VILLACASTÍN* : Es indudable que el "gilismo" murió el día que lo hizo Jesús Gil, y que la puntilla definitiva se la asestó el juez Miguel Angel Torres, cuando metió en la trena a Julián Muñoz, a Maria Angeles Yagüe, a Isabel García Marcos y a Juan Antonio Roca, entre otros muchos funcionarios y empresarios. Todos ellos ligados al consistorio marbellí por lazos que parecían indestructibles, pero bastó que un juez y un fiscal tuvieran ganas de actuar, e hicieran oídos sordos a las amenazas que les llegaban por parte de quienes les auguraban un futuro en los infiernos, para que el castillo de la corrupción marbellí se derrumbara en un abrir y cerrar de ojos.

No sin dejar heridos de consideración en algunos casos, leves en otros, y arruinados de por vida, la mayoría de ellos.

Queda ahí, para vergüenza de todos los que colaboraron y votaron al "gilismo", su política urbanística. Cimentada en la extorsión, en el abuso, en la prepotencia, en el "todo vale", con tal de sacar tajada de allí dónde hubiera un metro de terreno que se pudiera urbanizar, con o sin licencia, y cuyas consecuencias están pagando ahora las gentes de buena fe, que compraron con toda la ilusión del mundo un apartamentito donde pasar sus últimos años de vida, o la casa de sus sueños, que muchos tendrán que demoler porque así lo han decidido los tribunales de justicia.


Es el caso del actor Antonio Banderas, quién tendrá que derribar una parte importante de su vivienda -situada en una de las zonas más lujosas de Marbella-, después de años de litigio, por considerar el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, que las obras de ampliación que se hicieron en la misma, se construyeron en un suelo destinado a equipamientos e infraestructuras de saneamiento, que invade una zona considerada de dominio público Marítimo Terrestre.

No creo que la medida le sorprenda mucho al actor malagueño, aunque le dolerá, como les duele a todos los que se encuentran en su misma situación. Hay que decir en descarga de los damnificados, también Antonio lo es, que la mayoría compró de buena fe. No sabían que asentaban sus reales sobre un estercolero de irregularidades y corrupción. En el caso del actor malagueño, además de ingenuo, se creyó todas las mentiras de Gil y de Roca, cuando le ofrecieron la antigua casa de Encarna Sánchez, para que se instalase allí durante sus vacaciones en la Costa del Sol. Nadie le dijo entonces que sobre la casa pesaba una demanda interpuesta por la Comunidad de Propietarios, por irregularidades en la construcción. Cuando se enteró, ya era tarde, poco o nada podía hacer para solucionar el problema, sólo le quedaba esperar. Esperar a que se pronunciaran los jueces, quiénes le han dado dos meses para ejecutar la sentencia.

Encarna, al igual que Gil y Roca, Roca y Gil, se pasaban la legalidad por el Arco de Marbella. Prepotentes como eran, creían que su poder era infinito. El tiempo ha demostrado que no, que ante la Ley somos todos iguales, a Dios gracias, porque de lo contrario, el mundo estaría sólo en manos de los indeseables y corruptos.







* Diario Crítico - Opinión - 24-01-2008



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