La Arquitectura como Técnica: Palm House en Kew Gardens

Jun 20 •

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La Palm House de Kew (R. Turner y D. Burton, Londres, 1850) es una composición a base de bóvedas cilíndricas rematadas por casquetes esféricos y cúpulas en rincón de claustro. La bóveda de canon que forma la nave longitudinal tiene 110 metros de longitud y unos 15 m de luz, organizada con arcos cada 3 metros y cabios cada 25 cm. La idea estructural nace de Los primeros prototipos de invernaderos: una cúpula es una estructura muy poco deformable, que trabaja con tensiones muy bajas ya que su mecanismo es de membrana (la doble curvatura permite secciones mínimas). En el cilindro, resuelto con una malla rectangular, Los arcos se comprimen y las directrices rectas apenas trabajan salvo como atado. El sistema requiere nudos rígidos o arriostramiento según las diagonales.
Es mucho más deformable y sensible al pandeo que la cúpula. En Kew, la estructura principal es de arcos paralelos, con cabios paralelos a estos apoyados en la viga-clerestorio superior y en correas longitudinales. Estas atan todo el sistema, y se postensan para estabilizarlo por tensado en vez de por triangulación. La forma es fácilmente drenante. Los vidrios se solapan en la dirección de los arcos y apoyan sobre los cabios en doble ''T'' con 6 mm de entrega (en otras obras de la época se emplean piezas con una canaleta de seguridad tras el drenaje, que recoge además las condensaciones).
El agua se recoge en los canalones perimetrales, descendiendo desde el superior por dentro de las columnas. Después se recoge para el riego. La calefacción es un "suelo radiante" perimetral. Unas trampillas inferiores dejan pasar el aire exterior, creando una corriente de aire caliente hacia el clerestorio, barriendo así la superficie con aire caliente ascendente, que ayuda a evaporar el agua condensada sobre el vidrio. Las calderas se alejan del edificio. Un túnel las conecta a este y a la chimenea y descarga de carbón: el túnel es un tren subterráneo para descarga de cenizas, combustible y humos.
La relación superficie-volumen minimiza las pérdidas de calor. La forma y orientación aportan el asoleo máximo. Las limitaciones de los materiales se han superado con recursos arquitectónicos: la forma se explica como un proceso lógico de respuesta a las acciones físicas.
Extracto de:
Ramón Araujo Armero. LA ARQUITECTURA COMO TÉCNICA (1). SUPERFICIES
Madrid, 2007, Ediciones A.T.C. Colección TECTÓNICA
Seleccionado por el arq. Martín Lisnovsky

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