Estepona: Anatomía de la recalificación

Jun 25 •

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PÚBLICO/Málaga* : Cuando la Policía afinaba ya el olfato tras el trasiego de maletines de Marbella, el dinero negro buscó refugio en el pueblo vecino. Era el año 2003. Empezaba la era del ladrillazo a mansalva en Estepona. Lo que sigue es un viaje por el legado urbanístico de cinco años de fiebre recalificadora.

Actúa como cicerone Gregorio Galán, ecologista local. Recoge al periodista a las puertas del juzgado de instrucción 1, por donde han pasado los 26 detenidos en el caso Estepona. Galán no tarda en arrugar el rostro. En pleno centro, junto a un menguado parque, se levantan arracimados los edificios de la primera manzana construida con Antonio Barrientos (PSOE) como alcalde. “Era zona de equipamientos y VPO, y pasó a renta libre. El Parque Central ocupaba toda la manzana, y ahora es un macetero”, explica Galán.

Camino a la salida dirección Cádiz, varios edificios despuntan por encima de la edificabilidad permitida. El coche deja a la izquierda Bahía Azul, una vistosa urbanización de chalés donde residía el alcalde hasta su ingreso en prisión, y entra en Valle Romano Golf & Resort, resultado de la operación paradigmática de la era Barrientos: dos millones de metros cuadrados para la construcción de un campo de golf y 3.400 casas rústicas.

El portavoz vecinal Miguel Quirós denuncia “trato de favor” a Valle Romano. Cientos de vecinos tienen viviendas ilegales en las zona. Piden regularización. A Valle Romano le recalificaban. A nosotros no, ¿por qué?”, protesta Quirós. Conforme queda desvelada la trama de cobros para lucro personal, gastos municipales y financiación ilegal de partidos, la pregunta de Quirós resulta más fácil de responder.

“Hubo un esfuerzo publicitario desproporcionado, con Severiano Ballesteros y todo, pero no está ni terminado”, observa Galán. Hay que penetrar para encontrar mazacotes en medio del monte, terreno rústico recalificado. “Ésta es la zona más seca del municipio. No sé qué futuro tiene esto”.
La playa de la Rada

Tras transitar unos minutos por carreteras cada vez peor asfaltadas aparece, monumental y aislado, el conjunto de viviendas Estepona Golf, de Aifos. Al primer golpe de vista recuerda, con el monte en vez del mar, al hotel Algarrobico, en Carboneras (Almería).

El vehículo sale de Valle Romano, toma la carretera paralela al litoral y se detiene junto a los escombros del hotel que Prasa quería construir al pie de la playa de la Rada. Barrientos convirtió la crítica a dicho edificio en enganche de su campaña de 2003. “Es una aberración. Hay que tirarlo”, decía. El hotel, monstruoso, invadía parte del dominio público hidráulico. Y, efectivamente, fue al suelo. Pero la intrahistoria revela el cinismo político de Barrientos: la empresa que preside José Romero no tuvo que pagar los 1,2 millones del derribo y recibió, además, una contrapartida: más de 20.000 metros cuadrados en la valiosa zona este de la ciudad.

“Así funcionaba. Te quito aquí, te doy allí…”, afirma Galán, que lleva años denunciando públicamente los manejos de Barrientos, José Ignacio Crespo, concejal del Partido de Estepona, José Flores, jefe de Alcaldía, y otros ediles. Hoy todos los que señalaba están entre rejas o imputados.

¿Qué opinan los policías locales de lo ocurrido en el urbanismo del pueblo? Hasta cuatro agentes interpelados prefieren no hablar. Pero el quinto sí. Es Lorenzo Ramet, que se ciñe casi en exclusiva a confidencias impublicables. Llama la atención que llegase a crear un blog (Estepona habla) para denunciar las tropelías urbanísticas. “Me he metido en muchos líos”, confiesa, protestando porque Estepona no tenga aún su prometido hospital.

La zona este es, en sentido turístico, más bonita. Para quien la pueda disfrutar, claro, porque la privatización del espacio es tal que los accesos públicos a la playa están sin señalizar. Los apartamentos están a unos 25 metros del agua. Son las 9 de la tarde y no hay ni un alma. Galán lanza una pregunta. “En un pueblo de 60.000 habitantes, ¿qué pintan 50.000 casas vacías? Especulación y blanqueo”, dice.

Al mismo motivo atribuye el ambicioso PGOU presentado en 2005, que preveía 82.000 viviendas. Luego fue rebajado en 25.000, para atenerse a las nuevas normas andaluzas. De todas formas son casi 50.000 viviendas para 15 años. Ahora, con la operación Astapa y la crisis del mercado inmobiliario, todo queda en el aire. ¿Dónde posará ahora su mirada el dinero negro? “Vamos”, propone Galán, incansable. “Ahora te enseñaré las mansiones de algunos concejales”.





* Público - ÁNGEL MUNÁRRIZ - Estepona (Málaga) - 24/06/2008
Foto: Estepona (Málaga), derribo hotel Prasa paseo marítimo - urbanismopatasarriba

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