En tratos con chinos

Sep 4 •

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Seguro que ya sabéis eso de “la cara de poker”, esa que hay que poner para no dar pistas, mantener tu posición y finalmente ganar la partida o trato. Pero, ¿os sabéis esa de que si a los cinco minutos de la partida no sabes quién es el primo, es que eres tú mismo?

Bueno esa es la sensación que se puede tener cuando te sientas a negociar con chinos. Cuando ellos se instalan en la ciudad para comerciar ya han hablado con otros ciudadanos chinos, conocen los precios y reconocen cuales son las oportunidades comerciales. Cuando se sientan a negociar, ya saben cómo hay que hacerlo, cuánto cuesta y cuanto tiempo tardarán… en teoría.

En teoría digo, porque sólo conocen el proceso que les ha afectado a otros compatriotas, como eran sus locales en cuanto a superficie, obras a realizar, cambio de uso… pero en realidad no saben cuales son sus condiciones particulares.

Con este contexto, es difícil hacerles razonar para que cambien su idea inicial, de modo que con esa capacidad de negociación que tienen llegan a producir cierta sensación de abuso e incluso de presión, acompañados de otros agentes intermediarios que obtienen un beneficio, pero ninguna responsabilidad, intermediarios españoles eso sí.

Por lo tanto la partida está presentada: a la mesa el intermediario español, que siempre dice que él de allí no se lleva nada, y trabaja en una inmobiliaria… ; los chinos, que quieren ganar la partida por lo civil o por lo criminal, porque como ellos respondían una y otra vez: “Esto en China ser más rápido”, “esto en China ser diferente”, “nosotros en China pagar ayuntamiento para ir más rápido”, es decir, que pagan sobornos; y yo, el primo, que a pesar de saberlo, me he resistido continuamente para conseguir un trato justo, tanto para ellos como para mí, tanto en honorarios como en plazo.

El señor arquitecto que finalmente se ha quedado con el proyecto, cobrará algo más de la mitad que yo, y lo hará en menos tiempo. Cualquiera puede pensar que Alvaro es un tío lento y caro, pues Alvaro piensa que es realista en los plazos y en el esfuerzo recompensado en los honorarios, que se iba a quedar sin dormir, que iba a tener que pedir muchos favores en licencias, que tendría problemas de responsabilidad con los trabajadores chinos que harán la obra, que no se fiaba de un chino con una radial abriendo un hueco en la fachada, que no se fiaba de los extintores y las puertas RF comprados por lo chinos, que no se fiaba de que los chinos quisieran quitar la instalación eléctrica “no libre de halógenos”, que no se cree que un arquitecto pueda hacer esto sin pedir una licencia de obra mayor que puede tardar unos tres meses… o más, que no se cree que al inspeccionar el local tras firmar un certificado de fin de obra le den permiso de apertura porque todo está ajustado a normativa, a código técnico y a ordenanza municipal, y Alvaro cree que en todo esto hay truco y que intentaré enterarme de cual es...

Y ahora después, si queréis, empezamos a hablar del éxito comercial chino.

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