El valor del software

Oct 14 •

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El precio está en la caja, el costo en nuestra motivación, la utilidad en el uso que le damos, el valor en nuestra apreciación.

Este es un tema bastante sensible, dependiendo del punto de vista de quien lo dice, a que se dedica y quien paga sus gastos; generalmente asociamos lo que vale un software con su etiqueta seguida del símbolo de dólar, muchas veces inalcanzable para mercados pequeños o porque lo comparamos con otros de contexto no exactamente igual. 

Soy un creyente firme que las licencias open source son una tendencia irreversible, y que dentro de unos años (si no es que ya está sucediendo) tomarán una buena proporción del mercado en la mayoría de nichos del mundo tecnológico, de forma sostenible (que no está sucediendo).  Pero que un software sea libre, no implica que se acabará el hambre de a humanidad.  La implementación, innovación, capacitación y actualización tienen un precio que debe ser pagado por alguien; y al final el software comercial debe existir para hacer comerciables las tendencias.

Cuando esta mañana escuchaba de voz de Greg Bentley, cuantos millones de dólares han acumulado en 25 años con su software Microstation & family, puedo tener como primer pensamiento una sarta de barbaridades no aptas para este espacio.  Pero cuando hacemos cuenta que este es el precio de quien innova, sobre la segunda piedra de otros y en compañía de muchos más, terminamos reconociendo que es una recompensa a su esfuerzo, que no hicieron sus 23 compañeros de universidad (entre ellos yo, o mi padre).

Todavía es probable que pensemos que este mérito se lo llevan porque muchos han consumido y perfeccionado sus herramientas.  Cierto, pero también otros han hecho sus propias ganancias, que por ley de la vida hubieran logrado con cualquier otro software, en mayor o menor proporción pero casi seguro que con similar esfuerzo.

Así que, si somos críticos de los precios del software, de sus limitantes ante nuestras demandas, calidad de servicio o inclusive de sus locas políticas; también debemos ser conscientes que podríamos estar comiendo gracias a su existencia; sea en su uso o con la competencia.

AutoCAD consume mucha memoria, Bentley es poco intuitivo, gvSIG avanza demasiado lento, ESRI es muy caro, Windows es anticuado, Manifold muy poco conocido, Google Earth extremadamente impreciso…

El pesimismo no ha ganado muchos premios en la historia, hacer al troll es de lo más fácil (y a veces delicioso), pero siempre (casi) es posible encontrar una perspectiva de “ganar–ganar” dentro de la cadena del valor agregado de las relaciones:

-Mis éxitos son resultado de mis técnicos, los exploto a morir pero también con sus ingresos han hecho crecer su hoja de vida y pagado sus cuentas.  Al final he aprendido más de sus habilidades que ellos de mi poema, algunos  llegarán más lejos que yo, porque tienen mucho potencial.
-Ellos sacarán provecho de su historial, aunque yo sea quien recibo aplausos ahora; no entender esto puede decantar en celos profesionales o frustración.  Pero luego ellos tendrán sus éxitos ,yo lo disfrutaré y esta es una cadena que le debe suceder a quien ahora es mi jefe.

Algo parecido le sucede al software:

-Bentley hace mucha plata y a cambio me da un premio de $300, pero con sus herramientas he alimentado mis chicos, desarrollado conocimiento, y experiencia.
-AutoCAD monopoliza el mercado global, pero gracias a su popularidad tengo muchos alumnos en mi aula dispuestos a pagar y muchas visitas buscando como darle uso e incluso como hacer correr el keygen.
-ESRI no respeta algunos estándares de la comunidad, pero el SIG le debe mucho a su agresividad e ir a una conferencia en San Diego me ha inspirado en la motivación que pueden tener las masas.

Dependiendo de lo que hacemos, podríamos tener pensamientos pesimistas respecto a las marcas ESRI, Bentley, AutoCAD, gvSIG, Google Earth o Windows.  Pero ellos son producto de alguien que tuvo la iniciativa de crearlos de la nada, o a partir de ideas muy primitivas a lo que son ahora.  Una buena porción de lo que comemos a diario se debe a su existencia, la suma de tu persistencia, innovación y deleite de la vida hacen que todos ganemos.  El camino es el precio, el logro es el valor.

Dame el nombre del software que menos te simpatiza… bueno, si no fuera por él,  quizá no tendrías tus conocimientos y te sobrarían los 8 minutos que llevas leyendo este post, porque este blog quizá no existiría.  En conclusión, el valor del software estará en la productividad que logremos con cuanto hemos invertido en él, sea mucho, poco, económico, histérico o emocionante.

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