El mapa en los tiempos del ébola

Ene 2 •

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por Ramiro Aznar (@ramiroaznar)




Primero buscaremos la orientación de las fuentes, lo cual es fácil porque en los mapas de colores, en las plantas monumentales, las fuentes también surtidores y cascadas color celeste, solamente hay que buscarlas bien y envolverlas en un recinto de lápiz azul, no de rojo, pues un buen mapa de Roma es rojo como Roma. Sobre el rojo de Roma el lápiz azul marcará un recinto violeta alrededor de cada fuente, y ahora estamos seguros de que las tenemos a todas y que conocemos el follaje de las aguas.

Julio Cortázar

Más de un mes después de cerrarse la crisis del ébola en suelo español, me surgen muchas lecturas sobre lo ocurrido. Dejando aparte la gestión política o la urgencia humanitaria que aún persiste en África occidental, existe un análisis que no se puede pasar por alto: la supuesta muerte de la geografía. Como si la globalización y la era digital, al recortar distancias acercando personas, capitales, ideas, y en este caso enfermedades, hubieran convertido a la geografía, donde el mapa es su máxima expresión, en algo anecdótico. Sin embargo, estamos ante una muerte prematura. La geografía sigue explicando muchos hechos e historias. Desde el conflicto ucraniano hasta la aparición del Estado Islámico, puede que la geografía se esté tomando su propia pequeña venganza.


Leyendo El Imperio [1] de Kapuściński sorprende como la crisis de Ucrania no haya explotado antes. Con el país dividido en dos: la parte occidental «más ucraniana» y la parte oriental «rusificada». Dos sociedades divididas por su lengua, cultura, pero sobre todo por su religión: católicos romanos en el oeste del país frente a una mayoría de ortodoxos en el este. Ésta división ha llegado incluso a Google Maps. Como se muestra en la imagen de más abajo, para los usuarios rusos Crimea pertenece a Rusia. Mientras que para el resto dicha península aún pertenece a la nación ucraniana. Esta separación geográfica explica mucho pero soluciona poco. Tanto para Robert D. Kaplan [2] como para Jared Diamond [3], la geografía es el tablero de ajedrez, pero la partida es jugada por las diferentes sociedades humanas.


La crisis ucraniana se podría incluir dentro de los conflictos convencionales bien desde su punto de vista internacional -Ucrania y Rusia- o intranacional -nacionalistas frente a separatistas-. Disputas fáciles de identificar en un mapa. En el otro extremo tenemos la guerra originada a raíz del surgimiento del Estado Islámico. Una entidad difusa, que si bien «tiene claro» hasta donde pretenden extender las fronteras de su califato, es difícil de situar, y por tanto de explicar. Una recopilación de las diferentes cartografías aparecidas en los principalesmedios americanos nos muestra que el supuesto «estado» islámico se concentra en la red de poblaciones, pozos petrolíferos, e infraestructuras militares conectadas por carreteras a lo largo del eje que conecta el norte de Siria e Irak. ¿Qué papel tiene la geografía aquí? En primer lugar, «la geografía y la historia de Siria con una población de 20 millones continuará siendo el epicentro de crisis y revueltas en el mundo árabe» [2], las cruzadas en el pasado y la reciente guerra civil en el presente son dos buenos ejemplos. Sobre Irak se ha debatido mucho, en especial a raíz de la invasión americana. Sin embargo poco se ha escrito sobre su geografía. Si nos fijamos en el mapa, desde los tiempos de Herodoto, Irak siempre se ha encontrado “en medio” de todas las rutas y disputas entre oriente y occidente. Persas, mongoles y otomanos han librado batallas por esta región fronteriza [4]. ¿Es inevitable entonces que islamistas y drones americanos sigan esta tendencia determinista de lucha continua? Habría que preguntárselo a Obama y a los líderes del Estado Islámico.

Hasta aquí hemos comentado la respuesta dada por la geografía a conflictos actuales provocados por la globalización. Nos queda por conocer su relación con el auge de las redes sociales. Pues bien, sería acertado decir que la interacción es más simbiótica que parasitaria. Y es que estas nuevas tecnologías que parecen desafiar el estatus de la geografía, también poseen la capacidad de elevar su importancia [2]. Por ejemplo, se podría conjeturar que hubiera sido posible haber acortado la guerra en Afganistán, gracias a una pronta captura de Osama Bin Laden, si se hubiera usado la ciencia de los Sistemas de Información Geográfica (GIS en inglés) tal y como se explica en este artículo. Estas herramientas cartográficas no solo están cambiando el escenario militar, sino también el de mundos tan dispares como el de la ecología, la agricultura o la asistencia sanitaria. Aunque la relación entre la geografía y la medicina se remonta al Londres victoriano [4], los GIS están ayudando a las autoridades sanitarias y ONGs en muchos países africanos afectados por la crisis del ébola en un detalle y precisión antes desconocido. Miles de voluntarios cartografían zonas olvidadas resaltando los brotes de infección o los hospitales más cercanos. Eso sí en lugar de utilizar lápices de colores como nos dice Cortázar [5], usan portátiles, tablets y móviles.


Ramiro Aznar es biólogo especialista en GIS y actualmente colabora con Paisaje Transversal en el proyecto de Espalet.



[1] KAPUŚCIŃSKI, R. 2007. «El Imperio. Anagrama», 377 pp.
[2] KAPLAN, R.D. «The revenge of Geography. What the map tells us about coming conflicts and the battle against fate». Random House, 414 pp.
[3] DIAMOND, J.D. 2007. «Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen». Debate, 752 pp.
[4] JOHNSON, S. 2006. «The Ghost Map. The Story of London’s Most Terrying Epidemic and How It Changed Science, Cities and the Modern World.»Riverhead Books, 299 pp.
[5] CORTÁZAR, J. 2002. «Historias de cronopios y famas.» Diario El País, 154 pp.



Créditos de imágenes
Imagen 01: La península de Crimea en Google Maps. A la izquierda de la línea roja lo que ve un usuario en Ucrania, a la derecha lo que ve uno en Rusia (modificado de Google Maps).
Imagen 02: Localización del río Ébola de donde el virus es originario y de donde toma su nombre (fuente Google Earth).
Imagen 03: Áreas controladas por el Estado Islámico en el eje sirio iraquí (fuente New York Times).

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