Días contados

Feb 7 •

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-Recientemente la Fundación BBVA presentaba un ambicioso estudio, Circa 2000, que concluía que la arquitectura espectáculo había llegado a su fin y se debía propugnar una nueva era de arquitectura sostenible. ¿Está de acuerdo?

-Ésta es una cuestión que está en el aire. La necesidad de una arquitectura sostenible es importante. La sostenibilidad la deberíamos haber asumido hace mucho tiempo. Lo malo es que acaba, por error, asumiéndose como una pura etiqueta comercial. La arquitectura sostenible está vinculada a cada lugar, a cada orientación, a los materiales… Me interesa y me parece una cuestión fundamental para el futuro próximo, pero no entendido como un eslogan publicitario. En cuanto a la arquitectura espectáculo, nosotros siempre hemos tendido a rechazarla porque en muchos casos se convierte en pura apariencia, en puro baile de firmas que imponen edificios que no tienen relación con los lugares en los que están, aunque también haya excepciones de gran calidad. La arquitectura espectáculo tiene sus días contados porque está vinculada al máximo despilfarro económico.

-¿Pero hay que defender la sostenibilidad a cualquier precio?

-Mucha gente está confundida con este concepto porque lleva la sostenibilidad casi a la caricatura. Por ejemplo, nadie pondría como ejemplo de edificio sostenible la sede de Medina Azahara porque no está plagada de paneles solares, y sin embargo es un edificio más sostenible que muchos otros porque está semienterrado y tiene mucha más sinergia térmica, sus muros son de hormigón y evitan el exceso de calor; además, está iluminado por patios y no tiene la luz directa de cristaleras.

-Esto ya lo hacían los alarifes musulmanes.

-Es que no es un concepto moderno. Precisamente ahora ha saltado la alarma porque hay muchas edificaciones que manifiestamente no son sostenibles. Un ejemplo tremendo es Dubai, que está construyendo una especie de Manhattan en pleno desierto, con pista de esquí cubierta incluida. Esto sería ejemplo de la antisostenibilidad.

-¿Qué papel asume el arquitecto dentro del proceso de urbanización de las ciudades?

-No cabe duda de que al arquitecto le toca el último escalafón, cuando ya se han tomado todas las decisiones económicas, políticas, sociales, de infraestructuras… Nuestro papel es el que menos control tiene sobre los acontecimientos que se generan en la ciudad, y sin embargo es el que más se ve; es la arquitectura que todos vivimos, tocamos, sentimos y de la que todo el mundo opina. Si nuestro trabajo es bueno será capaz de generar una transformación en el área donde se sitúe, al igual que un libro es capaz de alterar la conciencia de todos los que lo leen. Ése es el papel que a mí me interesa como arquitecto.

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Enrique Sobejano en el Diario de Córdoba.

(Al fin un poco de cordura)

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