De Proyectos Utópicos a Utopías Realizables: La Barcelona de Cerdá y La Plata

Nov 4 •

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"La sociedad industrial es urbana" dice Françoise Choay, quien así inicia su obra para referirse a las ideas que surgieron de las críticas y controversias que la misma ciudad industrial había generado y que fructificaron en la vorágine de propuestas nuevas surgidas a lo largo del siglo XIX en Europa

La revolución industrial ha significado básicamente cambios en los modos de producción y de transporte debido a los avances tecnológicos, lo que ha contribuido a la transformación experimentada por la ciudad. El surgimiento de la industria y el crecimiento de la actividad comercial constituyen las fuerzas motrices de la nueva ciudad del siglo XIX. La ciudad asume una fisonomía diferenciada a partir de la sectorización de estas nuevas funciones urbanas. El gran agente del capitalismo emergente fue el ferrocarril que posibilitaba los desplazamientos de la población hacia los grandes centros industriales y favorecía el transporte de los productos a comerciar. La acumulación de población urbana, se manifiesta primero como densificación, con el uso intensivo del suelo urbano y crecientes grados de hacinamiento. Con la saturación del espacio urbano, se inicia un proceso expansivo que termina por romper los modelos de la ciudad medieval y barroca. Maduran así las propuestas de apertura de vías de comunicación nuevas o adaptadas a los nuevos requerimientos, como también la necesidad de extender la ciudad más allá de las murallas, sin que medie ningún tipo de límite o contención. El siglo XIX se inicia en Europa con una fuerte crítica a la sociedad industrial en general y a las ciudades en particular: los problemas que en ellas se han ido suscitando, son el resultado de nuevas fuerzas en pugna tanto de orden económico, como social y político, que interactúan provocando el "caos arquitectónico" y la insalubridad tanto debido a la falta de higiene física cuanto moral. Positivismo y romanticismo coinciden en la necesidad de una evaluación de la ciudad desde la racionalidad progresista del ordenamiento geométrico hasta la actitud romántica de pretender la recuperación de ciertos valores perdidos tales como la relación de la ciudad con la naturaleza. La crítica a la degradación urbana fruto de la industrialización experimentada proviene de diversos sectores de la sociedad y se manifiesta a través del pensamiento de los socialistas utópicos, tales como Saint - Simon, Cabet, Fourier, Considérant, Owen, Ruskin, Morris, Pugin, Richardson, Marx o Engels, quienes proponen diferentes modelos de ciudades ideales. Con Cerdà aparece el concepto de urbanismo como una visión científica integral de la construcción de las ciudades, sustentada en los métodos de análisis cuantitativos como medios para explicar los hechos sociales y garantizar una propuesta que sea fundamentalmente realizable, alejándose de esta manera de la línea de los utópicos. Este análisis contempla aspectos diversos tales como lo técnico o constructivo propiamente dicho, lo administrativo, lo político, lo económico y lo legal. La Plata por su parte representa la utopía desde el contrasentido de la combinación del planteo de un modelo ideal a priori y el pragmatismo que implicaba su ejecución bajo las condiciones de inmediatez. Nace en medio de un proceso de cambios que acontecían en el país como consecuencia también de las transformaciones del sistema económico. Las características que asume este proceso están matizadas por la transculturación generada a partir de las constantes oleadas de inmigrantes que arribaron al país. De la misma manera, si bien los efectos de la revolución industrial no se habían hecho sentir en las ciudades argentinas de la misma manera que en Europa, sí había un conocimiento acerca de las teorías, utopías y obras que allí se daban y que intentaban dar respuesta a las nuevas necesidades que generaba la ciudad industrial. El mismo impulsor de la idea de fundar una ciudad nueva. Las nuevas ideas referidas a higiene y salubridad en lo que hace a la orientación más conveniente para el trazado y asoleamiento, a las obras de infraestructura destinadas al saneamiento de la población o las posibilidades de ensanche y crecimiento ya están contempladas en las instrumentaciones del Poder Ejecutivo para la confección de los planos.
Texto seleccionado del trabajo de
María Teresa Alarcón, Mgter. titulado
"El Plan Cerdá para Barcelona y el Urbanismo Argentino del Siglo XIX"
Le agradecemos al profesor Rodolfo Giunta el haber acercado el material al blog.
Seleccionado por el arq. Martín Lisnovsky

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