Cuatro ingredientes para cocinar la innovación urbana*

Sep 6 •

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Decía Einstein que había que utilizar nuevas formas de pensar para solucionar los problemas creados por las viejas formas de pensar. Es decir, que para  hacer evolucionar el pensamiento (y la práctica) muchas veces hay que salirse del marco. Think out the box, vaya. Una premisa que es la base de la innovación. O debería serlo. Pero innovar también es un verbo difícil de acotar. Incluso puede ser un término escamante. 

Sin embargo, la complejidad de la realidad contemporánea nos insta constantemente a repensar la manera en la que hacemos las cosas. Aun así, seguimos empeñados en meter la pieza cuadrada por el agujero redondo. Especialmente en la arquitectura y en el urbanismo: perpetuamos las mismas lógicas que hace un siglo, solo que ahora utilizamos ordenadores en vez de paralex. Nuestra disciplina ha demostrado no tener la suficiente apertura de miras como para adaptarse a los cambios y responder a los retos de las ciudades manera efectiva. Los últimos 50 años de desarrollismo urbanístico español avalan esta sentencia.

No se trata de innovar por innovar, sino de buscar nuevas soluciones para viejos problemas. Tales como los traídos por el urbanismo mal planificado, las prácticas especulativas de la era del ladrillo y las políticas de expansión de las que prácticamente ninguna ciudad se ha librado. Lo que cosechamos de ese pasado es una larga lista de problemas difíciles de enumerar pero que podríamos hacer el intento empezando así: la tensión en la convivencia, la contaminación atmosférica, sonora y lumínica, los problemas de movilidad, la desigualdad en aumento, las dificultades de acceso a la vivienda, la seguridad, los espacio de borde abandonados, la falta de calidad en el espacio público, etcétera, etcétera.

Las soluciones tradicionales han fallado. Han demostrado no tener la suficiente apertura de miras como para adaptarse a los cambios y buscar recursos de manera efectiva. Por eso, si queremos que las ciudades que habitamos  sean mejores, más sostenibles, vivibles e inclusivas, resulta ineludible repensar cómo transformar nuestras urbes. Y para ello es vital replantear las lógicas profesionales heredadas planteando nuevos enfoques, metodologías y herramientas. Y, por qué no, nuevos vocabularios. A fin de cuentas, el lenguaje crea mundo, que decía Wittgenstein

Y es precisamente en este contexto donde proponemos la idea de “innovación urbana”: un concepto que surge en los márgenes de la ortodoxia urbanística y nos permite ampliar el marco y derivar la planificación urbana hacia escenarios más integrales, ecológicos y participativos.



En consecuencia, Paisaje Transversal nos hemos visto empujados a buscar ingredientes que deben estar presentes en las nuevas formas de hacer ciudad, fuera de los márgenes considerados ortodoxos. Aquí van cuatro. 

  1. Diseño colaborativo. La innovación urbana viene de la mano de procesos donde las personas son quienes  proyectan sus deseos sobre el lugar donde viven, y ayudan a definir sus problemáticas y sus potenciales. Estas percepciones vivenciales combinadas con los análisis técnicos integrales, nos ayudan a completar la foto de la realidad a transformar. Pero también en determinar cómo intervenimos, en las soluciones que diseñamos, en el seguimiento de la implementación de las mismas y en la evaluación de sus efectos. Por eso es importante contar con la participación ciudadana durante todo el proceso, adoptando herramientas que permitan vincular el desarrollo técnico y las necesidades de la población.
  2. Visión transdisciplinar. Hay que desterrar la  “departamentalización” de los saberes de los proyectos urbanos: a la hora de intervenir en la ciudad debemos contar con la mirada de muchas disciplinas, ya que la innovación urbana exige acciones transversales: espacio público, movilidad, medio ambiente, actividad económica, inclusión social, cultura, patrimonio, etc. Lo que dentro de la Administración ha de reflejarse en una colaboración interdepartamental más fluida y constante.
  3. Soluciones sostenibles. Partimos de que cualquier intervención que hagamos debe ser ecológica y tener capacidad de mantenerse por sí sola. Para lo que es necesario diseñar soluciones y estrategias a largo plazo, ejecutadas a través de la concatenación de acciones a corto. Pero la sostenibilidad en las transformaciones urbanas no solo debe alcanzarse desde el punto de vista ambiental o físico, sino también ha de atender a factores sociales y económicos. Por eso los proyectos deben poner el foco en frenar el progresivo aumento de la desigualdad urbana.
  4. Nuevas tecnologías. Como ocurre con la apertura de mente hacia otros modelos de gestión que nos proporciona la transversalidad, las nuevas tecnologías también traerán de la mano nuevas posibilidades. Las nuevas tecnologías nos permiten no solo ampliar la participación, sino mejorar y afinar los análisis urbanos, proponer nuevas lecturas y facilitar su comprensión a través de cartografías que atiendan las potencialidades de los datos que se generan en nuestras ciudades día a día.
Estos son algunos principios que entendemos deben sustentar la innovación urbana. Pero se podrían añadir más: redefinir el tablero de juego del urbanismo es una labor colectiva, ¿quién se apunta? 


¿Qué es la innovación urbana? 

Como complemento a este texto os dejamos un vídeo en el que reflexionamos sobre algunos de los elementos constitutivos de la innovación urbana




* Este artículo es una adaptación y ampliación del que originalmente publicamos en el blog de la Fundación Arquia



Créditos de las imágenes:

Imagen 1: Fragmento de la propuesta para el concurso de la Plaza Cívica de San Blas (fuente: Paisaje Transversal)
Imagen 2: Propuesta para el Avance del PGOU de Torrelodones (fuente: Paisaje Transversal)

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