Cuando la isla se sale

Feb 17 •

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LAPROVINCIA/Las Palmas* : El Gobierno central acumula más de 200 expedientes listos para resolver, y prepara otros mil casos en la provincia de Las Palmas que terminarán con los inmuebles ilegales construidos a seis metros del mar. Quedan dos semanas para que llegue Semana Santa. Mientras la población en general se afana en ultimar los preparativos para pasar las vacaciones en un apartamento del Sur de la Isla, o a darse un viaje por algún destino próximo, Pepito Mortero anda en otras faenas.
Acaba de adquirir unos sacos de cemento, una partida de bloques, unas viguetas y un surtido material de fontanería, que se va llevando poco a poco en el portabultos de su coche.

En el primer día de vacaciones para el resto de la población, el señor Mortero, conocedor de que tanto en estas fechas como en el puente de la Constitución la guardia está baja, tira para la costa de Tufia, en Telde, que a efectos ilustrativos no es más que un ejemplo de una práctica que se extiende por los cientos de kilómetros de litoral del Archipiélago.

Allí se dirige hasta el final de la línea construida, a sólo unos pocos metros de la pleamar, si no en la misma pleamar propiamente dicha, y comienza a depositar los materiales después de haber hecho un raso en 'su' solar con la ayuda de una raspadera. Sólo le faltaría plantar la bandera. Ni papeles, ni proyecto, ni licencia. Ni siquiera, propiedad. Pero tampoco gastos.

Una vez levantada la primera planta, y tras haber hecho amistades con un vecindario que nada le reprocha porque en esa hilera todos han construido sus viviendas con el mismo procedimiento, entra en contacto con otra persona que también ha elegido Tufia para su solaz y recreo, pero que en vista de que el espacio en esa franja en concreto está agotado, por culpa de un risco que hace inviable poner unos cimientos sin tener que montar un gran trajín de maquinaria pesada, decide llegar a un peculiar acuerdo con el flamante 'dueño' de la nueva casa. A cambio de una cantidad de dinero que le permite abonar el gasto de los materiales de la primera planta, el segundo se puede instalar en la azotea que además debe construir el inquilino'. Mejor imposible y con vistas al mar.

A este tipo de 'arquitectos' es al que la Demarcación de Costas de Las Palmas tiene en el objetivo de sus por ahora más de 200 expedientes, y que en el periodo de unos meses llegarán a más de mil. Las imágenes de hace unas semanas del derribo de una vivienda en el Norte de Gran Canaria, el lugar donde más infracciones sufre la isla, serán más que habituales, según explica Carlos Cárdenes, jefe de la Demarcación.

Pero, en cualquier caso el perfil de un Pepito Mortero tampoco se ajusta totalmente a la generalidad. El propio José Torres Stinga, presidente de Coalición Canaria, que ha sido objeto de una denuncia de un particular por considerar que su vivienda invade dominio público de Costas, una denuncia avalada por el Tribunal Superior de Justicia de Canarias en 2005, ha recurrido al Consejo Consultivo de Canarias, gestionado por el partido que preside, para dar por bueno el proyecto.
El caso de Torres Stinga viene a colación ya que se da la paradójica circunstancia de que él mismo fue el encargado de presentar este jueves en Santa Cruz de Tenerife la propuesta electoral de Coalición Canaria de que sea el propio Gobierno autónomo el que asuma las competencias de Costas.

Precisamente es este el segundo frente con el que se encuentra la Demarcación. Por un lado intentando regular y ordenar por el momento sólo los seis metros que separan mar de tierra, y por el otro ayuntamientos, cabildos, sobre todo el de Fuerteventura, y Gobierno de Canarias defendiendo, según qué casos, la libre ocupación de unos terrenos que pertenecen a todos.

Otro ejemplo de esto último ocurrió hace unos pocos días en el Norte de Gran Canaria, cuando un arquitecto municipal remite a Costas un escrito en el que le exige que construya una protección para evitar que caigan piedras a un grupo de casas totalmente ilegales que se encuentran encima del marisco.

O en Fuerteventura, donde la playa de Jacomar se encuentra bloqueada por unos chamizos de piedra hasta el punto que el agua de mar aflora en la trasera de esas construcciones.

El Cabildo majorero, para evitar el desalojo del vecindario, que alega que forman parte de un tradicional núcleo de pescadores, ha iniciado un proceso para clasificar el lugar como Bien de Interés Etnográfico.

Una 'etnografía' que no repara, entre otras cosas, en la insalubridad y la contaminación que provocan unos núcleos urbanos que dan con sus bajantes directamente al mar, como ocurre en el barrio de El Roque, en Moya, un pintoresco pago sobre una lengua de lava por el que cuelgan tantos tubos con aguas fecales como viviendas existen, y que se remata con un restaurante que ofrece lapas, de las que es recomendable preguntar por su origen porque son la mejor esponja para las bacterias del Atlántico.

En este sentido existen tres casos diferenciados. El de un gran pago asentado desde hace más de medio siglo, y que en cualquier caso sería sometido a una reordenación de su urbanismo; el del 'espontáneo' como Pepito Mortero, que al no tener propiedad de ningún tipo, ni escrituras, será desalojado en las próximas intervenciones; y el de las viviendas, hoteles y urbanizaciones que de una manera u otra sí tienen la propiedad de los terrenos donde se han levantado.

En esta última situación y mediante la disposición primera de la Ley de Costas se ofrecen o bien concesiones de 30 más 30 años, se indemniza a sus propietarios o se reubican lo más cerca del mismo lugar para impedir el desarraigo de sus habitantes.

Pero eso no quita para observar desde el helicóptero postales de verdadero surrealismo, como las de Corralejo, cuyo Ayuntamiento sea probablemente el mascarón de proa del dislate costero. Es tanta la urbanización de su litoral que, como se puede apreciar en la imagen de la izquierda, arriba, gran parte de la playa ha quedado dentro de lo que fue en su día un pueblo de pescadores, y que ahora incluye una serie de rotondas a las que llega el agua cuando la marea se pone fea.







* La Provincia - UAN JOSÉ JIMÉNEZ - LAS PALMAS DE GRAN CANARIA - 17 de febrero de 2008
Foto: Demarcación de Costas - laprovincia.es


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