Concursis Surrealis

Feb 15 •

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He visto en mi vida concursos raros, bases kafkianas y peticiones de un surrealismo rayano en patologías control-freak. Sabrán ustedes de lo que hablo, desde concursos en los que se nos pide haber firmado un final de obra de un proyecto con el mismo numero de viviendas que tiene aquel por el que queremos concursar, sin tener en cuenta específicamente como eran esas viviendas (Que viene a ser como que para operarte a corazón abierto te busques a un tío que haya operado a mucha gente, aunque te venga Dexter con la bata verde), a aquellos otros en los que la exigencia pasa por el “simple hecho” de haber construido en los últimos tres años 2 edificios de los de a 3E6€ cada uno, que, como todos sabemos, es algo muy común que hacemos todos los meses un par de veces.

Y no  crean que esto es todo, que como decía Porky, no se vayan todavía que aun hay más (Tengo que mirarme esta asociación de ideas). Originario de Andalucía, y exportado con fruición a otros territorios de la península celtibérica esta el maravillosos concurso de doble vía. La doble vía tiene ciertas connotaciones porno-festivaleras, por no decir que es de una perversión tan sutil como un yunque. Consiste la cosa en que puedes presentarte por currículo o por propuesta (los paneles “detodalavida”). Esta claro que dado como se esta poniendo el patio, por currículo muchos no podemos ni asomarnos, en parte por que somos mas jóvenes y no nos ha dado literalmente tiempo, hecho este que como es popularmente conocido, es de un perverso que asusta. Quien te manda ser joven.

Siempre he pensado que la edad no era algo obtenido por ser mejor o peor que nadie, ni más aplicado ni menos, ni más listo ni más tonto. Era simplemente el transcurrir de los años y no un merito. Sobre todo cuando lo que se valora es una propuesta concreta y no un premio a la carrera. Pero se ve que no.

Si te presentas por la vía trabajo, con una propuesta, tienes la abrumadora desventaja de que en la mayoría de los casos tus ideas, las ve todo quisque antes de pasar a la segunda fase en la que te bates de nuevo el cobre con el personal que salga de las dos vías. Al menos eso si, te pagan, pero sospecho que en muchos casos no llegaras ni a cubrir costes.

Ósea, que tienes que ganar un concurso, para que te dejen presentarte a otro concurso, dentro del mismo concurso (repítanlo tres veces seguidas rápidamente si se sienten capaces) y además tu trabajo lo verán aquellos con los que tendrás que enfrentarte y que han llegado hasta ahí con mucho menos esfuerzo. Fantabuloso. No soy muy futbolero, pero esto es como el pozo de la tercera. Donde tienes que ganar una liga para luego ganar una liguilla. La definición de pozo es más que acertada. En ambos casos salir de ahí es misión de audaces, ni MacGyver con un Autocad oigan.

Pareciera que la administración quisiera asegurarse de que las cosas se van a hacer bien (Repriman la risa unos segundos), de que siempre van a tener una opción pata negra de curtida experiencia a la que recurrir. No tengo que recordarles la mala memoria de nuestras administraciones a este respecto, siendo como es que las concesiones digitales a arquitectos de los de publicista en astillero, adarga antigua y currículo corredor, no solo cuestan  bastante mas de lo presupuestado, sino que además se pueden usar como piscina municipal, llegado el caso.

Los concursos son la mejor manera que la administración tiene para desarrollar infraestructuras, equipamientos, edificios y prácticamente todo aquello que contrata. La mejor de las peores como diría Churchill, pero hasta que nadie invente algo más justo, deberían emplearla con lógica y con decencia.

Los arquitectos en España son malos, le decían a Cano Lasso. Los clientes [Los concursos, parafraseo yo] son peores, respondía el arquitecto madrileño. Para que el resultado sea bueno los concursos deben ser buenos. Libres. Las bases deben ser buenas. Justas. Técnicamente Lógicas. Valoren el trabajo, valoren aquello que van a recibir. Valoren la propuesta. Pidan con inteligencia. Miren más allá de los cuatro añitos de su legislatura (Me parece oir la musica de Mission: Impossible).

No hay profesión mas dispuesta a trabajar gratis que la nuestra. A ofrecer sus ideas en una competición limpia. A veces incluso pagando una inscripción, [60 € he llegado a pagar por que me dejaran participar en un concurso, rondándome la cabeza mientras lo hacia una frase en la aparecen las palabras “poner”, “cama” y “además”]

Se que hay iniciativas por parte de algunos colegios para que los concursos respeten un mínimo. Aunque esto sea encomiable, que lo es y mucho, no es el mínimo lo que me preocupa. Deberíamos esperar el máximo. Siempre. En cada ocasión. Deberían impugnarse todos aquellos concursos que piden, por ejemplo, una piscina municipal por vía de urgencia en 8 días, por que, o bien “alguien” la tiene ya hecha y algo huele a podrido en Dinamarca, o bien es que a la administración local le importa únicamente hacerse la foto, y merecerian que los ahogaran en una naumaquia celebrada en su misma piscina de ocho días para regocijo y jolgorio general, gladiador-style. Por otra parte, ¿donde esta la “urgencia”?, ¿hay una cola de niños y mayores con la toalla a la cintura en la puerta del ayuntamiento? El Consejo Superior podría dedicarse a esto, (si no estuviera ocupado en mandarme cartitas en papel canson, vendiéndome la moto, cuando lo que yo quería en principio, era un coche).

En seis propuestas para el próximo milenio, Italo Calvino recuerda una historia sobre Chiang Tzu, que dibujó un cangrejo perfecto tardando diez años para hacerlo. Tampoco pido tanto, pero al menos no le dieron ocho días. Igual le habría salido una quisquilla.

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